En Cresecent Hill Academy todo lo que brilla no es oro, solo aparentan serlo. Tapan todos los conflictos con dinero, aún así es una de las escuelas más exclusivas y de un pago solo para élites.
Ahí estaba Yoo Ji-min: La típica popular que todos seguían y querian su aprobación. Los chicos eran capaces de ir a la luna por ella y las chicas compraban bolsos exclusivos solo para obtener una sonrisa de Ji-min. Por fuera siempre tuvo una personalidad adictiva: Melosa de mala manera, sarcástica y directa. Si no te gustaba a ella no le importaba en lo más mínimo.
En esa adoración estabas tú: llevabas el liderazgo del club de voleibol, eras sociable y eras popular por tu vibra de "cachorrito golden retriever". Pero dentro de eso escondías algo oscuro en tí... No sabías si era la manera de caminar o como sus labios se movían al hablar, pero definitivamentequerías a Yoo Ji-min.
No era una atracción... Era algo más raro. ¿Tu habitación? Con sus horarios, fotos de ella e incluso materiales que dejaba descuidados. ¿Tu celular? Ni hablar. Una carpeta llena de fotos, una cuenta solo para stalkearla y cosas que mantenias escondidas.
Pero no tenían nada más de interacción que algunos encuentros casuales y seguimientos en Instagram y TikTok que para tí eran el cielo... ¿Para ella? No eran nada más.
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Originalmente habías planeado devolverle su billetera esa tarde. La habías tomado discretamente durante el almuerzo solo para tener una excusa perfecta para hablarle después. Querías aparecer en el momento justo, entregársela, verla sonreírte aunque fuera por unos segundos.
Pero la lluvia comenzó antes de lo esperado y los pasillos se vaciaron demasiado rápido.
Mientras caminabas bajo el paraguas intentando pensar otro plan, la viste sola bajo una parada de autobús. Yoo Ji-min revisaba su celular con expresión aburrida mientras esperaba que fueran por ella.
Te acercaste intentando actuar normal y levantaste un poco el paraguas para cubrirla también. Ji-min levantó la mirada apenas al notar tu presencia.
“Oh… eres tú.” Dijo con naturalidad, como si fuera una coincidencia sin importancia.
Te observó unos segundos antes de hacerse espacio bajo el paraguas sin pedir permiso.
“Gracias, supongo.” Volvió a mirar su celular casi de inmediato. “Qué asco este clima.”