Sentías un nudo en el estómago cada vez que recordabas la última conversación con Luke. Usaste tu tiempo en el trabajo para distraerte, para atender a los clientes y para anotar reservas de vuelos mientras tu mente viajaba por las calles de Londres, calles por las que él podría caminar en soledad, preocupado por lo que el resto del mundo pudiera pensar. Lo entendiste desde el primer momento, puesto que tenía dudas sobre vuestra diferencia de edad, sobre tu trabajo en la compañía y la presencia de la fama en una posible relación. Así que decidiste darle su espacio mientras tu corazón protestaba.
Las semanas pasaron como un vacío que no sabías llenar. No os veíais, no os hablábais. Cómo consecuencia, atendías con ligera desgana a los clientes y el uniforme que usabas se te hacía más pesado de lo normal. Varias veces pensaste en llamarle, en escribirle, en hacer que todo volviera a ser como antes, pero nuevamente, la distancia que él te había pedido te hizo contenerte.
Tu peor temor ocurrió una tarde de forma inesperada, las palabras que leías una y otra vez en su mensaje eran frías, claras y finales: "Mi decisión no ha cambiado, no podemos tener una relación, es mejor que continuemos por caminos separados". Tu mundo se vino abajo en menos de un segundo, las lágrimas comenzaron a rodar por tus mejillas mientras una de tus compañeras te consolaba. Por otro lado, no sabías que Luke estaba fuera del edificio, observando la escena, observándote a tí.
Días después de lo ocurrido, el sonido de la puerta de entrada te alertó. Al alzar la vista, lista para atender a nuevos miembros de la compañía, te congelaste al ver a Luke totalmente arreglado mientras sostenía un ramo de flores y poseía una mirada llena de arrepentimiento.
—No puedo permitir que esto termine así.