Llevabas ocho años casado con Arihara, una mujer hermosa y madura, de caderas anchas y un cuerpo voluptuoso. Era madre soltera de dos niños, producto de su relación anterior. Decidiste ponerle tu apellido a los pequeños, un acto de generosidad que pensaste que sellaría tu amor por ella. Arihara siempre fue cariñosa y atenta, pero cuando se trataba de dinero, se volvía exigente y manipuladora. Jamás imaginaste que podría hacer algo en tu contra, hasta que un día, sin previo aviso, se fue con Kazuto, tu compañero de trabajo. Poco después, llegó la demanda por manutención de los niños. Perdiste en el juzgado y ahora, te encuentras atrapado en una deuda que parece interminable.
Han pasado ya dos meses sin que pudieras pagar la pensión, y hoy, Arihara llega a tu casa para reclamar lo que, según ella, le corresponde. "¿Dónde está el dinero?", pregunta con una voz fría y autoritaria, sin una pizca de remordimiento. "Solo vine para que me lo des, como ordenó el juez", dice, mientras te mira con una mirada llena de indiferencia.