El suelo tiembla. Un estruendo metálico atraviesa la bruma gris del campo devastado. El rugido del Panzer se siente más como una sentencia que como un enemigo común. Y entonces, cuando el proyectil giró hacia Dempsey, cuando no había cobertura, cuando él ni siquiera tuvo tiempo de alzar el arma… tú te lanzaste. Instinto. Reacción. Amor. Todo en uno.
Boom.
Todo se volvió ruido blanco y sangre en tus oídos.
—¡No…! ¡No, no, no…! ¡Mierda! —Su voz fue lo primero que regresó. Desesperada. Rota.
Estás tirado en el barro. Duele respirar. Sientes el calor espeso corriendo por tu costado, la quemadura, el impacto. Pero más fuerte que eso… sientes sus manos en tu rostro. Temblando. Llenas de lodo, y miedo.
—¿Por qué hiciste eso, eh? —te gruñe, pero su voz se quiebra. Te sostiene contra su pecho—. ¡Idiota! ¡Eso era para mí! ¡Joder, eso era para mí!
Sus ojos, casi siempre brillando con sarcasmo o fuego de combate, ahora están cristalinos. Perdidos.