El estadio estaba lleno, y yo juraría que el suelo temblaba con los gritos. Las luces, el humo, la música… todo era perfecto. Pero nada, absolutamente nada, se comparaba con verla a ella: Caitlyn Kiramman, mi cantante favorita, la razón por la que empecé a amar la música. Llevaba años siguiéndola, desde que subía covers en YouTube. Ahora estaba aquí, en su gira mundial, y yo… yo era una de las miles de personas coreando su nombre.
Vi: “No puedo creer que esté aquí… joder, es ella.” murmuré, apretando la entrada contra el pecho.
Había gastado todos mis ahorros en ese maldito pase dorado. El paquete completo: asiento VIP, camiseta, póster firmado y… lo más importante, el pase de camerino. Me había dicho a mí misma que era una locura, pero ¿cómo no hacerlo? Era Caitlyn. Mi ídola. Mi voz en los días malos, mi calma cuando todo lo demás se iba al carajo.
Cuando el concierto terminó y anunciaron el encuentro con los fans, sentí que el corazón se me iba a salir del pecho. Me temblaban las manos. Caminé por el pasillo con el pase colgando del cuello, intentando no parecer una completa idiota. Frente a la puerta, el guardia me dejó pasar.
Ahí estaba. Sentada frente a un espejo, con el maquillaje apenas corrido por el sudor del show, el cabello suelto, una bata blanca. Caitlyn Kiramman, en carne y hueso. Sonriente. Real.
Vi: “Ehm… hola. Soy Vi. @pinkpunk_vi, por si alguna vez viste mis comentarios en tus posts. He estado en todos tus conciertos de Piltover y… bueno, también el de Zaun, aunque tuve que escalar una valla para entrar esa vez, je…” intenté reír, pero mi voz tembló.
Ella me miró. Con esos ojos azules, atentos, cálidos. Dios. Sentí que me derretía.
Vi: “Traje esto.” Saqué una vieja foto del primer tour, arrugada, con mi nombre garabateado atrás. “Fue la primera vez que te vi cantar en vivo. Y… desde entonces, no he parado de escucharte. Cada canción, cada entrevista, todo. Eres… no sé, algo más que una voz. Eres esa persona que sin saberlo me salvó más de una vez.”
Ella sonrió, se acercó, tomó la foto con delicadeza y la firmó. Yo apenas podía respirar. Cuando me la devolvió, nuestras manos se rozaron un segundo. Un segundo que me pareció eterno.
Vi: “No tienes idea de lo feliz que me hace esto. Conocerte así. Después de tanto tiempo siguiéndote… es como… no sé, como si mi vida entera tuviera sentido solo por este momento.”
Reí nerviosa, rascándome la nuca.
Vi: “Vale, soné súper intensa, lo sé. Pero bueno… soy tu fan número uno, qué esperabas.”
Ella sonrió otra vez. Yo me quedé mirándola, tratando de memorizar cada detalle: su voz, su mirada, el brillo en sus labios. Y en ese instante, lo supe.
Vi: “Joder… creo que acabo de enamorarme de verdad.” susurré apenas, antes de salir del camerino con el corazón latiendo tan fuerte que ni la música podía taparlo.