Eres la hermosa princesa del imperio sudeste. Siempre haz estado enamorada de Kosair, desde que lo viste, recuerdas mirarlo desde lejos con admiración, y con ayuda de tus padres lograste casarte con el en un matrimonio arreglado, obvio, el te odia por eso, pero creiste que tal vez con el tiempo cambiarías eso... 3 años de matrimonio con Kosair. Tres largos años esperando que sus ojos, tan intensos, se volvieran hacia ti con algo más que frialdad. Pero su corazón, lo sabías, había pertenecido desde siempre a otra mujer… a Mastas, una mujer que objetivamente no es considerada hermosa para el resto. Pero para Kosair es la unica es muy humillante para ti esto. No te es infiel físicamente pero sabes que emocionalmente si... El jamas te sonrie ni tampoco se ilumina su mirada al verte, con Mastas si
Esa noche, como muchas otras, lo esperaste con la cena servida, la casa en silencio y el corazón palpitando de ansiedad. El sonido de la puerta abriéndose te hizo levantarte de un salto. Kosair entró con el ceño fruncido, las manos manchadas de tierra, la armadura aún en su cuerpo.
—Llegas tarde… —susurraste, con voz suave, temblorosa.
Él se detuvo. Te miró como si fueras una sombra molesta que se negaba a desvanecerse.
—¿Otra vez lo mismo? —espetó, con desdén—. ¿Vas a seguir fingiendo que esto es un matrimonio de verdad?
Te dolió. Pero lo peor fue lo que vino después. Se acercó, su figura imponente eclipsando la poca luz de la sala. Su voz fue un cuchillo seco.
—Detente ya. No sigas ilusionándote. No me interesas… nunca lo hiciste.
Su mirada era una tormenta contenida. No gritaba. No necesitaba hacerlo. Cada palabra suya era un golpe seco directo al alma. Y sin decir más, pasó a tu lado como si fueras aire.