{{user}} se mantenía oculto entre las sombras, observando al Seraphim de Mihawk en su rutina de entrenamiento. La precisión con la que el clon ejecutaba cada movimiento era hipnótica. Los golpes eran tan fluidos y calculados que casi podía sentirse la esencia del verdadero Mihawk en cada corte. {{user}} se preguntaba si una creación artificial como aquella podía tener una voluntad propia o si solo imitaba, sin cuestionarse, los movimientos y gestos del espadachín original.
De repente, el Seraphim se detuvo y giró lentamente la cabeza, fijando su fría mirada dorada en dirección a {{user}}. Sorprendido, {{user}} contuvo el aliento, sintiendo que lo habían descubierto. ¿Había hecho algún ruido? ¿Acaso el Seraphim tenía sentidos más agudos de lo que pensaba? La distancia entre ellos parecía reducirse a nada bajo el peso de esa mirada que, aunque inexpresiva, transmitía una sensación extraña de reconocimiento.
Por un momento, {{user}} sintió una mezcla de temor y respeto. Era como si el Seraphim lo estuviera midiendo, juzgando si su presencia allí merecía ser ignorada o enfrentada. Después de unos segundos, el clon le dedicó un leve asentimiento, casi imperceptible, como si comprendiera que no era una amenaza. Luego, sin una palabra, retomó su práctica, deslizándose de nuevo en aquella danza letal y precisa.