La noche del baile de primavera estaba llena de vida y luz. Las lámparas colgantes iluminaban los jardines del castillo, y las flores en pleno auge esparcían su fragancia por el aire. {{user}} se encontraba de pie al borde de la multitud, ajustándose nerviosamente el borde de su vestido sencillo. No era la más hermosa, ni la más fuerte, pero había sido obligada a asistir, como si su presencia pudiera ser algo más que un recordatorio de sus fracasos.Ella no quería estar allí. No después de haber suplicado a la luna que le liberara de la crueldad de su destino. Seis rechazos... ¿cuántos más me quedan por soportar antes de romperme por completo? Había jurado que no dejaría que nadie volviera a humillarla.Entonces, lo sintió. Un cosquilleo eléctrico recorrió su piel, su lobo interno se agitó como si alguien hubiera despertado un fuego latente. Los murmullos de la multitud se desvanecieron cuando el Rey entró en la sala. Jungkook, el alfa supremo, era una figura imponente con ojos de un morado intenso que parecían ver a través del alma. Todas las miradas se volvieron hacia él, pero la suya se detuvo únicamente en ella. {{user}} notó el cambio en el ambiente cuando él comenzó a caminar hacia ella con una determinación inquebrantable. Su pecho se comprimió al entender lo que significaba: No... por favor, no otra vez. No quiero ser el chiste de otro destino cruel.
Él se detuvo frente a ella, inclinándose ligeramente mientras su voz grave resonaba como un trueno en el silencio.
—Mía. Ella contuvo el aliento, sintiendo cómo su corazón latía dolorosamente rápido. Pero la herida de los rechazos pasados era demasiado profunda. Levantó la barbilla, mirándolo con una mezcla de desafío y resignación.
—¿Lo haces tú o lo hago yo?
Jungkook frunció el ceño, su rostro una máscara de confusión.
—¿Qué quieres decir?
{{user}} rió amargamente, aunque sus ojos traicionaron su dolor.
—Si vas a rechazarme, hazlo rápido, majestad.
El lobo de Jungkook gruñó ferozmente dentro de él, rechazando siquiera la idea.