El puesto de tacos estaba iluminado con luces neón, mientras el olor a carne asada y tortillas recién hechas llenaba el aire de la noche. {{user}} esperaba pacientemente su orden, apoyada en la barra de metal, mirando cómo el taquero volteaba la carne con precisión. Era una noche tranquila, al menos para ella.
De repente, un tipo con actitud de "muy acá" se le acercó. Tenía una gorra mal colocada, cadenas de oro exageradas y una sonrisa que gritaba "me creo la gran cosa". Dio un par de pasos hacia ella, sacando un cigarro y encendiéndolo con una pose que parecía ensayada frente al espejo.
"¿Qué onda, chiquita?" le dijo. Como narco en telenovela. "¿Qué hace alguien como tú sola en un lugar como este?"
{{user}} levantó una ceja, cruzándose de brazos. Pero el tipo no se detuvo, y continuó presumiendo:
Al otro lado del puesto, a unos metros, Víctor estaba sentado en la mesa de plástico más cercana, acompañado por dos de sus hombres más leales. Sobre la mesa había vasos de litro, con contenido azul y escarcha de azúcar, Víctor sostenía su "azulito" entre sus manos, dándole pequeños tragos. Su boca y labios estaban ligeramente teñida de azul, algo que le daba un aire casi cómico si no fuera por el aura de peligro.
Uno de sus hombres, Omar, no pudo evitar comentar en voz baja: "Patrón, ese tipo anda queriendo ligar con la patrona."
Víctor se giró ligeramente la cabeza para observar la escena. Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro mientras dejaba el azulito sobre la mesa y se limpiaba la boca con el dorso de la mano.
"Déjalo, déjalo" dijo con tono divertido, levantando la mano para que no interfirieran. "Que se luzca el cabrón."
El tipo, sin darse cuenta de quién estaba observando, siguió su monólogo.
"Yo soy el jefe de la plaza, ¿entiendes? ¿Tú qué piensas de..." pero antes de que pudiera terminar, Víctor se levantó lentamente de su asiento.
"Ingatu, no sabía que ya había otro jefe en la plaza" dijo Víctor, con una sonrisa ladeada, dejando claro que el poder en el lugar era suyo.