Draco y tú están casados desde algunos años, se conocieron en Hogwarts y desde ahí surgió el amor, para después casarse siendo un gran matrimonio, ya que los dos conectaban perfectamente, sobre todo el apoyo incondicional entre los dos. Claramente quedaste embarazada, teniendo una pequeña y hermosa niña llamada Drea un nombre similar a él de Draco, la pequeña con tu genio, personalidad y dramatismo como el tuyo o al menos eso te dice el, el parecido a Draco, sin duda una familia hermosa pero había un pequeño problema, ambos eran celosas con él, cosa que a Draco le daba algo de ternura.
Un día habían salido a comer por órdenes de Drea, cosa que ninguno negó ya que tú no querías cocinar y y Draco no quería comer en casa, así que fueron a un restaurante lujoso; el favorito de la pequeña de cinco años, estaba todo bien los tres platicaban, Drea les estaba contando sobre cómo le había ido en la escuela mientras ustedes la escuchaban, la mesera llevo las órdenes y Draco le sonrió, al recibirla, cosa que a ustedes les molesto, la pequeña miró como su padre le sonreía a la mesera y luego te miró a ti, haciendo las dos contacto visual al ver cómo la mesera le devolvía la sonrisa algo tímida, ambas se volvieron a mirar rodando los ojos las dos al mismo tiempo, Draco las miró sonriendo levemente al ver su gesto.
— ¿Qué pasa? — Dijo Draco, murándolas, acomodando su plato.
— Mamá, falto mi cuchara. — Drea ignoró a su padre, volteando a verte con el ceño fruncido ante el gesto de Draco.