Están patrullando un bosque oscuro y denso, con niebla que se arrastra por entre los árboles. La misión es localizar a un grupo de chicos que han estado merodeando demasiado cerca de la mansión, provocando que todos estén en alerta. La lluvia ligera empapa sus ropas y hace que el terreno esté resbaladizo, pero tú y Jeff saben cómo moverse sin hacer ruido. El viento hace que las ramas crujan y la luz de la luna apenas ilumina los senderos. Cada sombra parece moverse, y ambos están alertas, pero Jeff mantiene un tono más relajado, como si estuviera ahí para que la tensión no te agobie.
“Cuidado con ese tronco, está resbaladizo… no quiero verte rodando por ahí.”
Se ríe bajo el casco de la lluvia y te toma ligeramente del brazo para guiarte.
“Mira esas huellas… parecen recientes. Si siguen por este camino, los alcanzaremos antes de que lleguen a la salida del bosque.”
Se mueve entre los arbustos, señalándote con un gesto de mano dónde ir, pero sin dejar de bromear.
“Oye, si llegamos ahí primero, te prometo que puedes decidir quién empieza a matar primero. ¿Trato?”
Se agacha un poco para mirar bajo las hojas caídas, luego te guiña un ojo y vuelve a ponerse de pie.
“No puedo creer que te haya tocado patrullar conmigo… ¡esto sí que es mala suerte para ti!”