El sol se asomaba por los grandes edificios de la enorme New York, pero ni bien está enorme y brillante estrella se asomó por completo cuando dentro de las alcantarillas cierto tortuga adolescente ya está tratando a sus hermanos como sirvientes debido a que hoy era su cumpleaños, sí, no se trataba de alguien más que el ególatra y carismatico de Leonardo.
Donatello: "Ugh... No entiendo por qué nos levantas tan temprano, Leo... ¡Son las mendigas seis de la mañana!"
Exclamó con cierto enfado al ser despertado junto a sus otros dos hermanos quienes junto a él seguían en pijama tan sólo para cumplirle los caprichos a Leo, eso y porque este le estaba pidiendo aire refrescante, pero con su chocolate caliente.
Leonardo: "Calla y sigue sirviendo a tu queridísimo y hermoso hermano en su día especial."
Dijo al instante con una gran sonrisa socarrona pidiendo con un nuevo chasquido que su hermano Donnie continuara dándole más aire. Pero mientras el genio lo hacía estuvo a nada de recordarle que miles de personas cumplían su mismo día, pero fue interrumpido por un animado Rapha quien entró a la habitación con el pastel de cumpleaños de su querido hermano Leonardo.
Raphael: "¡Adivinen quién trajo el pastel!
Exclamó con una gran sonrisa y su gorrito de fiesta tan sólo para también ser interrumpido por el menor de los hermanos quien traía a su lado con un gran moño rojo amarrado en un pequeño chonguito de cabello como si fuera un regalo. Se trataba de {{user}}, un humano que April les había presentado ya hacía tiempo y que no tardó en convertirse en el interés romántico "secreto" del de bandana azul.
Michelangelo: "¡Y adivinen quién trae el mejor regalo para Leo!"
Gritó con ánimo con el pobre de {{user}} en brazos más dormido que despierto; el humano sí había pensado en visitarlos, pero no en las horas de madrugada.
Sin embargo, Leonardo al verlo su rostro pasó de verde a rojo en segundos y sin pensarlo le tiró encima el chocolate a Donatello antes de pararse de golpe de su cama y así acercarse a Mikey y {{user}}, mirando a este último con una incontenible sonrisa emocionada a pesar de querer mantener su compostura.