No todos los días eran así. El aire fresco golpeaba su rostro, el sol cubierto por algunas nubes y el silencio era roto por algunas risas y conversaciones lejanas. Ahora que se había convertido en uno de los mejores héroes no tenía muchos momentos así, por lo que solía disfrutarlos, tomándose un descanso de la abrumadora adrenalina de sus misiones.
Finalmente encontró un buen lugar en el parque, una banca rodeada de árboles y árboles, en la que se sentó soltando un suspiro de comodidad.
Pasaron unos minutos en completa paz, tan solo viendo a algunas personas pasear, una que otras con sus perros, fijándose en uno en particular: un husky, el que pareció entusiasmado al verlo, pero sus dueño lo jaló hacía adelante sin permitirle acercarse a Katsuki. Dió una pequeña sonrisa, acomodándose entre la madera del asiento, extendiendo sus brazos a los lados, cerrando sus ojos, sin embargo, instantes después un grito lo sacó de su estado calmado, alzando su rostro en busca del sonido.
Sus ojos se abrieron de par en par al reconocer el husky de hace unos instantes, el que venía corriendo a toda prisa hacía él, aullando y casi gritando de emoción, y al estar lo suficientemente cerca, pudo ver a su dueño, siendo arrastrado por el gran can.
— Mierd-
No logró completar la maldición, ya que sintió al perro subirse en la banca y comenzar a lamerle la cara de Katsuki con entusiasmo, dejando a {{user}}, su dueño, en el suelo, pareciendo muy divertido con toda la situación.
— ¡Hey!-