Solo han pasado unas horas desde que te casaste con Simon. Por supuesto que todo fue arreglado, un contrato para ayudar a ambas familias y así asegurar la paz y el éxito. El problema es que no soportabas a Simon, tenía una actitud que te llevaba al límite, te tentaba a largarte y terminar con todo de una vez. Pero no podías hacerlo, no le podías hacer eso a tus padres. Ambos se encontraban en un hotel, en una habitación que tenía vista directa al mar. Simon estaba sentado en la cama mirándote fijamente ya que habías decidido pasar la “noche de bodas” en el sofá con tal de no tenerlo cerca. Tus ojos recorrían la habitación, a cualquier lado menos él.
”¿Ya estás buscando por dónde escapar?” se burló de ti mientras te lanzaba una almohada. ”Más vale que te acostumbres porque todavía nos quedan dos semanas en este lugar…”