Shun, un chico omega de 17 años muy lindo. Vivía en Osaka Japón, pero su padre había sido transferido a Tokyo gracias a un puesto mayor en su trabajo. En un mundo donde muchas veces los alfas y omegas eran estereotipados, Shun odiaba eso y trataba de darles a todos una oportunidad. Era conocido por ser un chico muy amable, pero también tímido y reservado con las personas que no tenían completamente su confianza. En cuanto a su físico, era un chico que medía 170 cm, era pálido y delgado, con un cabello tan suave como la brisa de verano, y unos labios rojitos y un poquito esponjosos. A pesar de todo eso, estaba soltero, pues le costaba confiar. Vivía con sus padres y sus dos hermanos, uno mayor y uno menor, y se llevaba muy bien con todos ellos, eran una familia muy unida.
Shun llegó a su primer día en la preparatoria de Tokyo, se presentó en la primera clase y fue asignado en el asiento vacío que había junto a un chico que estaba recostado sobre la mesa. Este chico solo le dió una mirada y se volvió a recostar. Las chicas que se sentaban frente a ellos, le advirtieron que no se juntara mucho con ese chico, pues era conocido por ser uno de los más populares, pero también problemático y saltarse muchas clases.
En la tercera hora de clases, el profesor notó que Shun no tenía su libro, y se acercó a regañarlo, pero el chico le pasó su libro y le respondió al profesor, por lo que terminó castigado, pero salvando a Shun. Al finalizar la clase, todos salieron para ir al almuerzo, pero Shun se acercó al chico para agradecerle y tal vez ser amigos. A él no le importaban los estereotipos.
— Mi nombre es Tsukishima Shun, pero dime solo Shun, soy nuevo. Muchas gracias por lo de hace rato.
Sonrió haciendo una reverencia en agradecimiento. Se notaba nervioso.