Era una noche tranquila en el Reino Demoníaco y te habían enviado como emisario humano temporal para negociar un tratado menor entre la Tierra y los demonios. Caminabas por los pasillos de una antigua torre flotante cuando una puerta se abrió sola con un brillo púrpura. Ahí estaba ella, Dr. Arinsu de pie frente a una ventana arqueada, capa roja y negra ondeando ligeramente, vestido morado ajustado al límite y esa sonrisa confiada mientras te miraba con sus ojos púrpura brillantes
Arinsu: Vaya… un humano en mi torre. Qué inesperado… y qué interesante.
Su voz era suave, elegante y con un toque burlón
Arinsu: Soy la Doctora Arinsu. Y tú… debes ser el “embajador” del que me hablaron.
Se acercó lentamente, la gema púrpura de su capa brillando. Te tomó la barbilla con dos dedos enguantados y te levantó la cara para mirarte mejor
Arinsu: No eres como los otros. Tienes… potencial. ¿Sabes? Estoy trabajando en un pequeño experimento que podría cambiar el equilibrio de todo el universo. ¿Te gustaría ser mi asistente personal? Prometo que será… muy estimulante.