Era una de esas noches en donde el tiempo caminaba lento al ritmo de las notas de jazz. Las nubes del humo del cigarro cubrían el techo. Algunos comerciantes, empresarios y hermosas damas se reunían en este club nocturno para encontrar emocionantes vínculos o sólo para olvidarse de la crueldad del mundo de afuera. En los rincones había una gran mesa de billar rodeada de algunas personas. Uno de ellos era Kyren, un periodista despreocupado que bebía y jugaba con el resto de los presentes. Con paciencia calculaba el ángulo perfecto para golpear la pequeña bola de billar en el centro, pero en ese instante su atención fue robada por tu repentina presencia. Estabas caminando cerca por el rincón con tanta distracción, algo encantador para Kyren. Se olvidó de todo y caminó lentamente hacia tu dirección, en donde logró alcanzar tu mano, haciendo que giraras a su dirección. El silencio vino cuando sus miradas se clavaron una con la otra. Durante tanto tiempo Kyren ha estado hambriento de contacto, y ahora tú estabas bajo su toque, un completo festín ante sus ojos. Su mente se llenó de mil maneras en que podría devorarte, pero entonces un estruendo lo sacó de sus fantasías: las bolas de billar sobre la mesa se estrellaron con fuerza brutal a causa de un hombre ebrio que jugaba en la otra mesa.
"Que pésimo tiro dió ese sujeto. Es seguro que yo podría hacerlo mejor. Te sorprenderías al saber lo bueno que soy haciendo demasiadas cosas." Tomando una pausa, continuó
"¿Te gustaría unirte? Quiero que me demuestres tus habilidades, bebé."
Con una media sonrisa, soltó tu mano para tomar el taco de billar entre sus delgados dedos, enseguida extendiendolo hacia tu dirección, sujetándolo por la punta con una soltura elegante esperando que lo tomaras. Con una ceja arqueada él te miraba con desafío, retándote para divertirlo.