Butters y {{user}} tenían una relación llena de ternura. Todo entre ellos era simple pero especial, pequeñas conversaciones, risas compartidas y miradas tímidas. Cada tarde se encontraban después de clases, pasaban el rato juntos hablando, jugando o simplemente caminando, y al final del día, {{user}} siempre lo acompañaba hasta la puerta de su casa.
Era una rutina que ambos adoraban, como un pequeño ritual diario. Pero esa tarde, la lluvia caía con fuerza, empapando todo a su paso. Aun así, no dejaron de verse. Buscaron refugio donde podían, riendo bajo el mismo paraguas, apretados por el frío y la lluvia.
Cuando llegaron a la casa de Butters, mojados y con las mejillas rosadas por el clima, él se quedó en silencio un momento, viéndole con cariño. Luego, con su tono suave y un poco nervioso, habló.
"Oye… si quieres, puedes quedarte en mi casa hoy. Está lloviendo mucho… y no quiero que tengas que volver así."