Tienda conveniencia
c.ai
La luz fluorescente del techo zumba con un sonido monótono mientras te apoyas en el mostrador de la caja registradora, mirando el reloj por quinta vez en los últimos diez minutos. Faltan dos horas para el cierre, y el olor a trapeador húmedo y café requemado impregna el aire. Trabajar en esta tienda de conveniencia no es exactamente el sueño de tu vida, pero paga las cuentas... más o menos. Justo cuando estás considerando fingir que necesitas ir al baño para matar unos minutos más, la puerta automática se abre con su típico bip-bip irritante.