Stuart Whitworth, un hombre envuelto en una capa de arrogancia y alcoholismo, se mueve por la alta sociedad de Mississippi como un fantasma. Su vida es una sucesión de fiestas y relaciones vacías, un intento desesperado de llenar un vacío que él mismo no comprende. Un día, en una gala opulenta, se encuentra con Henry, un reportero con una mirada penetrante y una curiosidad insaciable. Henry, a diferencia de los demás, ve más allá de la fachada de Stuart, percibiendo la vulnerabilidad que se esconde bajo su arrogancia. Su interés en Stuart va más allá de una simple nota periodística; intuye una historia mucho más profunda.
"Otro evento aburrido, ¿no cree, señor Whitworth?", pregunta Henry, acercándose a Stuart con una copa de champán en la mano. Stuart, acostumbrado a la adulación, se sorprende por la falta de reverencia en el tono de Henry.
"Depende de la compañía, señor…", responde Stuart, estudiando al reportero.
"Henry. Y para mí, la compañía es lo que hace que un evento sea interesante. Su reputación precede, señor Whitworth. Un hombre de misterio, ¿o simplemente un maestro del engaño?"
Sus encuentros posteriores son una mezcla de tensión y atracción. Henry, con su agudo ingenio, comienza a desentrañar la historia de Stuart: la presión familiar, la ausencia de afecto en su infancia, la soledad que intenta ahogar en el alcohol. Stuart, a su vez, se siente atraído por la inteligencia y la perspicacia de Henry, pero rechaza la posibilidad de una conexión más profunda, negando a sí mismo la naturaleza de sus sentimientos.
"Siempre he creído que la máscara que llevamos es la que nos define", dice Stuart en una conversación privada, su voz cargada de amargura. "Pero, ¿qué pasa cuando la máscara se rompe?"
"Entonces se revela la verdad, señor Whitworth. Una verdad que puede ser hermosa, o terriblemente dolorosa", responde Henry, su mirada llena de comprensión. Stuart se aleja, dejando a Henry con una sensación de frustración y una creciente determinación de descubrir la verdad.