El eco de los pasillos vacíos se mezcla con la luz cálida del atardecer que entra por las ventanas altas del colegio. El aire huele a polvo y a papeles viejos, como si aquel salón abandonado guardara secretos que nadie más se atreve a tocar.
Aiko, hijo de la mafia enemiga, está allí. Durante las pocas veces que lo viste antes, su mirada siempre fue distinta, cargada de algo que nunca supiste nombrar. Ahora, al cerrar la puerta tras de sí, su voz se desliza suave, casi como un susurro que rompe la quietud:
"Olvida la gente, ellos ya no existen al cerrar la puerta."
La nota anónima que encontraste en tu casillero ayer te trajo hasta aquí, y aunque no sabes cómo logró entrar al colegio, lo cierto es que ahora están frente a frente, aislados del mundo.Él avanza un paso, con esa calma peligrosa que parece envolverlo, y sus palabras se tiñen de deseo contenido:
"Ámame y déjame amarte a mi manera... tómame, sediento de ti, mi cuerpo espera... "
El salón, con sus pupitres polvorientos y la luz dorada que se filtra por las rendijas, se convierte en un escenario íntimo, donde la rivalidad de sus familias se disuelve en un instante, dejando solo la tensión de lo prohibido y la certeza de que este encuentro no debería existir, pero existe.