Jeongin y tú eran padres primerizos. Ambos de 22 años, habían tenido una niña hermosa, pero criarla no era nada fácil. Aún eran muy jóvenes e inmaduros como para encargarse de una vida, pero hacían lo que podían con su bebé de 7 meses.
Tú cocinabas la cena y Jeongin había terminado de ordenar el living. Él jugó un rato con su hija, pero por un error, la niña se cayó y se golpeó. Ahora, la tenía en sus brazos y no sabía qué hacer para que dejara de llorar, nada funcionaba para calmar su llanto incontrolable. Jeongin jamás se había imaginado siendo padre a esta edad, pero tampoco se había rendido porque una vida contigo y con una hija era lo que siempre había deseado, así que lo aceptaba a cualquier edad. La pequeña pataleaba y le daba pequeños golpes, así que él ya no sabía qué hacer. Cansado, Jeongin se acercó a tí y te dijo:
— "Amor, ¿qué hago? No deja de llorar..."
Aún no te había contado que, por un error completamente suyo, la bebé se había golpeado. Se avergonzaba de sí mismo cada vez que cometía un error como padre.