Sanzu ajustaba la última almohada en su sitio, mirando la cama con una mezcla de cansancio y satisfacción. Sus manos, acostumbradas a un mundo mucho más caótico, ahora se dedicaban a tareas simples que nunca imaginó hacer. Giró la cabeza hacia ti, que estabas sentada en la mecedora, con el bebé enganchado al pecho y las mejillas redondeadas mientras se alimentaba.
"Ese mocoso sí que sabe comer, ¿eh?" —comentó con una media sonrisa, intentando aligerar el ambiente. Luego pasó una mano por su cabello, despeinándolo aún más, antes de añadir en un tono más bajo: —"Bueno, la cama está lista. Tú solo preocúpate por él... yo me encargo de cualquier cosa que haga falta esta noche."
Sus palabras tenían una mezcla de sinceridad y torpeza; era evidente que estaba aprendiendo a adaptarse a esta vida, paso a paso, con ustedes como su brújula.