Halminton
    c.ai

    🏫 COLEGIO MODERNO AU. — Aula 4B, tercer día

    📚 La lluvia había cesado, pero el ambiente seguía cargado. El salón estaba más silencioso de lo normal.

    Tú —Alexander Hamilton— estabas en tu asiento temprano. Muy temprano. Llegaste antes que todos, incluso antes que Washington. Querías probar que habías aprendido la lección, que ya eras digno de respeto.

    Cuando la clase empezó, Washington entró con su acostumbrado paso lento y elegante. No te miró. Eso fue lo peor. Ni una palabra. Ni un asentimiento. Solo pasó por tu lado como si fueras uno más.


    Durante la clase, Washington pidió ayuda para repartir los documentos.

    Tu mano se alzó de inmediato, recta, firme. Pero él dijo, sin mirarte:

    —Felix, ¿puedes tú encargarte?

    Tu brazo bajó lentamente.

    Después, durante una discusión, tú comenzaste a dar una respuesta compleja, usando términos políticos avanzados que habías leído en secreto la noche anterior.

    —Creo que, según los principios de Montesquieu, el poder debe equilibrarse no solo entre ramas, sino también dentro del ejecutivo mismo, especialmente cuando...

    Washington te interrumpió con calma:

    —Gracias, Hamilton. Pero eso será tema para cuando seas mayor. Por ahora, solo escuche y aprenda.

    💔 Silencio. Doloroso. Humillante.


    Al final de la clase, mientras recogías tus cosas en silencio, Washington se acercó con un papel en la mano.

    —Esto es para ti, señor Hamilton.

    Era una hoja de ejercicios… con dibujos. Preguntas de opción múltiple. Para principiantes. El título decía: “Refuerzo para jóvenes estudiosos”.

    Tu cara enrojeció de rabia.

    —¿Para… mí? —dijiste, tragando seco.

    Washington respondió sin emoción:

    —Hasta que demuestre disciplina constante, eso es lo que trabajará. Ser brillante no basta, señor Hamilton. Hasta ahora, solo ha demostrado que sabe hablar. No que sabe escuchar.