no eras precisamente alguien que salía mucho. en realidad, preferías quedarte en casa, tranquilo, disfrutando de tu propio espacio. eres más del tipo hogareño, de esos que siempre tienen una excusa para no salir pero, como siempre, tus amigos insistieron. te arrastraron casi a la fuerza con el argumento de que “ya era hora de que salieras un poco de tu cueva”. así que, sin muchas ganas, accediste
el plan del día no sonaba tan interesante: un torneo de boxeo. nada fuera de lo común, pensaste. sin embargo, el ambiente te resultó un poco sofocante: gritos, aplausos, y una multitud completamente eufórica animando a sus favoritos. y para colmo, tus amigos habían conseguido asientos en primera fila
el primer round comenzó con dos hombres en el ring. pero uno de ellos captó tu atención más de lo que esperabas. su nombre: “Changbin”. había algo en su forma de moverse, en la fuerza y precisión de cada golpe, que te dejó impresionado
en un momento, sus ojos se cruzaron con los tuyos. fue solo un segundo, pero bastó para que tus amigos empezaran a gritar emocionados
─¡Te miró! ¡Te miró a ti!
rodaste los ojos, tratando de ignorarlos, aunque sentiste un ligero calor subirte al rostro
la pelea terminó, y como era de esperarse, el vencedor fue Changbin. cubierto de sudor y con una sonrisa de satisfacción, se acercó al borde del ring, justo frente a ti, apoyándose en las cuerdas
─¿Eres nuevo por aquí, lindo? preguntó con una sonrisa pícara, su voz ronca por el esfuerzo del combate.