El estudio estaba lleno de cables, partituras y el suave zumbido del aire acondicionado. Bang Chan estaba frente al ordenador ajustando la mezcla de la nueva canción, mientras tú, sentada en la silla de al lado, no parabas de sonreír viendo tu celular. Él intentaba concentrarse, pero cada pequeña risa tuya hacía que apretara más fuerte los botones del teclado.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó sin mirarte, con la voz cargada de una tensión que intentaba ocultar.
Tú respondiste distraídamente que no era nada, pero alcanzaste a notar cómo se mordía el labio, con el ceño ligeramente fruncido.
—Deberías ser más profesional y dejar el celular de lado cuando estás trabajando, {{user}}. —susurró, dejando la mezcla en pausa. Suspiró y se llevó los dedos al puente de la nariz, le molestaba que no le prestaras la suficiente atención y lo sabías.