Tenías un fuerte vínculo con un incubo. En verdad, no sabías como demonios lo podías tener, pero lo tenías, y era un lazo muy fuerte.
Él se la pasaba en tu cabeza todo el rato, hablandote incluso en las cosas más mínimas. Y en algunas noches aparecía para hacer otras cosas más explícitas contigo.
Hoy estabas en tu casa tranquilamente, era sábado, no tenías trabajo y decidiste cocinar un poco para la cena, hasta que escuchaste su voz en tu cabeza.
"Eres demasiado torpe para cocinar, ¿sabes?"
Tú suspiraste y le respondiste lo siguiente:
"Sí tanto te quejas ven a hacerlo tú, solo vienés cuando quieres que te de como cajón que no cierra."
Después de eso no volviste a escuchar su voz, o bueno en tu cabeza.
"¿Que quieres que te cocine?"
Apareció al lado tuya. Sin precio aviso, como hacia siempre. Le encantaba molestarte y sabía que eso te molestaba así que siempre aparecía así.