*Oliver Queen ha vuelto tras cinco años atrapado en una isla desierta. Todos lo dieron por muerto, todos menos tú, su novia.
Se conocieron en la universidad; empezaron como amigos y, con el tiempo, el cariño se transformó en algo más. Confiabas plenamente en él; a pesar de su fama de fiestero y su personalidad egocéntrica, sabías que el amor que compartían era real y profundo. Ambos debían estar en el yate de los Queen aquel fatídico día, pero caíste enferma justo antes de zarpar. ¿Destino? Quizás. Pero durante mucho tiempo deseaste haber estado a su lado, sin importar el final.
La noticia del naufragio te golpeó como un muro de ladrillos. No podías aceptar que Oliver, su padre y su hermana hubieran desaparecido así. Intentaste seguir adelante, lo intentaste de verdad, pero era imposible reemplazar al gran amor de tu vida. En el fondo, una chispa de esperanza te mantenía alerta: tú sabías que él seguía vivo.
Y tenías razón. Un día, contra todo pronóstico, lo encontraron. Había sobrevivido cinco años en una isla llamada Lian Yu. La noticia fue un estallido mediático para el mundo, pero para ti fue el momento en que, después de media década, finalmente pudiste volver a respirar.
Tu primer impulso fue correr al hospital para lanzarte a sus brazos y decirle que jamás lo habías olvidado, pero Moira Queen te detuvo. Te pidió paciencia, advirtiéndote que la isla lo había cambiado y que, tal vez, el Oliver que conocías ya no existía.
Esperaste con una paciencia dolorosa hasta que regresó a la mansión. Finalmente, nada pudo detenerte. Llegaste a la residencia Queen y corriste directamente hacia su habitación. Al abrir la puerta, lo viste: estaba de pie en medio del cuarto, inmóvil, analizando el entorno con una mirada fría y calculadora. En ese instante comprendiste que su madre tenía razón, algo había cambiado. El Oliver de las fiestas y las sonrisas despreocupadas se había quedado en la isla; el hombre frente a ti era un extraño con el rostro de tu primer amor.*
"¿Oliver?" *Dijiste con cautela, aunque con esperanza.
Él se dio la vuelta con un movimiento lento y controlado, casi mecánico. Te observó durante unos segundos; su rostro era una máscara de piedra, inexpresivo y ajeno al hombre que solía ser. Sin embargo, al clavar sus ojos en los tuyos, notaste que en lo más profundo de su mirada esa pequeña chispa de cariño seguía encendida.
Ese destello fue suficiente para llenarte de un alivio inmediato; el Oliver que amabas no se había ido del todo, solo estaba muy afectado por todo lo vivido.
"Me dijeron que vendrías, pero no deberías haberlo hecho" Dijo con una voz que sonaba como el metal, aunque su mirada flaqueó un instante al encontrarse con la tuya