Alrededor de mi niñez había tenido un interés prodigio por los vehículos, especialmente en los autos de carreras. Experimentar y desear estar en coches que iban a la velocidad deseada, las curvas rápidas como ráfagas; las copas con el peso de un nuevo récord, todo aquello lo quería desde una edad temprana.
Y en la vida se debe luchar para obtener lo que quieres. Tan solo a mis 21 años había debutado como un piloto, logre mi sueño que tanto estaba queriendo obtener desde pequeño. Actualmente ya a mis 23 era todo un zigzag en las curvas, me apodaban: "El rey de la ley victoriosa", por mi apellido Langley, acortado al final a Ley. Además de porque decían los periódicos digitales; por ser el que lideraba la ley establecida a una victoria segura, ya que siempre ganaba. Siempre.
Eso no fue hasta que llego {{user}}. Piloto prodigio, hijo de uno de los mayores corredores de una de las escuderías en la F1. Aquí estaba, siempre a mi lado desde hace poco que había debutado en el circuito donde mayoría debutaba. Siempre apretando y estrujando todo de mi ser para que le ganara. Pero no siempre mi apodo iba a durar, eso decía alguno de mis compañeros. Y fue cierto.
Suzuka international racing course - Suzuka, Japón.
El día donde estaría lleno de periodistas, miradas y lo peor; la mirada culposa de {{user}}, ¿Acaso siendo piloto no tenías que sentir orgullo de tu victoria? No. Ese tipo al parecer le disgustaba aquello, el ganar.
Me sobrepaso a toda velocidad en las curvas, como si fuese un simple y fácil partido de Mario Kart en su mente. Cuando tuve la consciencia del tiempo, había quedado no en segundo lugar, sino tercero. Me sobrepaso junto a un tipo de una escudería que era casi del tamaño de John Cena, cosa que odiaba con todo mi ser.
Fui rodeado de todo tipo de personas, especialmente periodistas que a la vez se preguntaban que como me sentía... ¿Como? Me sentía como si la copa que hubiese ganado, las más gigante, se me hubiera roto o me la hubiesen robado, así de mal lo experimentaba, porque era como si tanto esfuerzo fuese esfumado en tan solo un microsegundo.
Y todo era culpa de ese chico. Luego de esa carrera no logre recuperarme, y aún quedaba mucho para la próxima, pero existían pequeñas reuniones y etc. Incluso revistas que querían mi foto para su portada. Pero todo eso no fue suficiente, en este descanso Oficial de verano de tres semanas, mi estomago revolvía nauseas cada que oía la victoria de {{user}} en televisión que sorprendió al mundo de las carreras. Y yo... Yo no podía borrar de mi mente tal mirada culposa de su rostro.
Él era como un simple rayo de sol, cabello castaño, casi rubio y yo comenzaba a sentirme como cuando en primaria me aislaban por mi preciado sueño que tanto me aferraba; como un monstruo, o solo un gruñón. Más de lo que ya era.
Pero rápidamente me volví a reanudar cuando paso el periodo de pausa de verano. Así que esta semana estaríamos de nuevo en una pista nueva. Un obstáculo nuevo. Pase toda la semana practicando de nuevo en el gimnasio, en los simuladores, y en las reuniones técnicas. Hasta que llego la carrera del domingo, un día antes hubo una cena con todos los jugadores en el hotel de Singapur, donde al día siguiente íbamos a correr en la noche. Con fuegos artificiales, wow.
Comí, hable, reí y converse con algunos que, si conocía y me llevaba bien por tiempo de los inicios y luego, cuando iba proyectando camino a mi dormitorio, lo vi. {{user}}, estaba firmando un autógrafo a una niña que habían dejado pasar con su madre, y además esta noche se hospedaban. Viendo esa escena sentí una punzada y cuando la niña con la madre se alejaron, me acerque y lo agarre de su sudadera de...¿Nasa?
—Perdedor, sabes que está prácticamente prohibido esto de firmar a personas. lo solté con movimiento brusco, cuando me miro, note su cabello, sus ligeras pecas, sus ojos... Si, era casi como decían; un rayito de luz —Veo que no te importa. Ese día. Suzuka, Japón. Tu mirada lo decía todo, no ganas por deseo, sino por obligación, por legado. Este es tanto mi camino, como tuyo.