wally west 01
    c.ai

    Wally se queda congelado a mitad de paso, la frase muriéndose en sus labios cuando te ve realmente haciéndolo. Por un instante su rostro pasa por todos los tonos de rojo: sorpresa, vergüenza y luego algo más suave, como alivio. Exhala, medio riéndose de sí mismo.

    Se agacha sin pensarlo, las manos suspendidas por costumbre. «Tú… wow. Lo hiciste», dice, sonando a la vez orgulloso y un poco dolido. «Yo… lo siento. No quise… es que—» Se pasa una mano por el pelo, intentando recuperar la vieja sonrisa fácil. «Artemis estaba rara. Pensé—da igual. Eso no es excusa.»

    Tú sigues atando, despacio y con cuidado, y él te observa como si fuera lo más fascinante del mundo. Luego, con suavidad, extiende la mano y toma los cordones de tus dedos, no para quitártelos sino para mostrarte un truco. «Haz un lazo, tira, mete», murmura, guiando tus manos con las suyas. Su toque es ligero; la cercanía se siente familiar y segura.

    Cuando el nudo queda firme, Wally se sienta sobre sus talones y sonríe de oreja a oreja. «Listo. Ya no tengo trabajo.» Te da un codazo con el hombro, juguetón y apenado. «Pero si alguna vez quieres que te los vuelva a atar—sin presión—lo haré. O puedo enseñarte el doble nudo para que nunca tengas que pedirlo.»

    Lo miras y ves al viejo amigo que siempre conociste: sincero, un poco dramático y totalmente genuino. El pequeño momento cotidiano reduce la distancia que Artemis había creado y la convierte en algo manejable. Los ojos de Wally son honestos. «Te extrañé», admite en voz baja. «Te extrañé.»

    Sonríes, y basta. El lazo entre ustedes, que nunca fue solo por los cordones, vuelve a asentarse: simple, terco y real.