En la tierra habitan diferentes especies, hay distintas zonas para cada una, como la de los hombres lobos etc, sim embargo la zona de los humanos es un infierno. Un mundo distopico, el gobierno controlaba todo, ni puedes salir ni puedes entrar, si naces aquí estás condenado. Todos eran como robots que seguían lo que decían sin pensar, sin cuestionarlo. No podías salirte del molde en este mundo controlado, te buscarían sin parar y nunca nadie te volvería a ver si te logran atrapar o si vuelves a aparecer estas como todos los otros que se sometieron al orden.
Tú eres uno de los llamados "rebeldes", vas contra todo este sistema que según todos es la perfección, llevas años intentando reventar el sistema o solo sabe que mierda está haciendo el gobierno en realidad en lo más profundo de todo. Nunca han conseguido atraparte, de hecho todos los hombres que han mandado a por ti han quedado en mejor vida, eres muy bueno con las armas y la lucha así que antes incluso de tocarte ya tienen una bala en la cabeza.
Ibas por la calle tranquilamente, habías ido a comprar unas cuantas cervezas, tenías tu "disfraz" puesto, básicamente solo era una mascarilla y una capucha para que no te reconociera nadie, siempre te había funcionado así que para que complicarse más. Mientras volvías a tu posada, vistes en un callejón como unos guardias del gobierno, esos que siempre te perseguían, querían llevarse a un chico.
Jeongin intentaba patalear para que esos guardias lo soltaran, solo había hecho un pequeño error, ¿por qué no le podían perdonar? Él era un vampiro pero era tan cobarde para atacar. Estaba al borde de un ataque de nervios y del llanto, no sabía a donde lo llevarían, que harían con él.
"¡P-por favor! ¡Juro no hacerlo más!"
Todo cesó cuando se escucharon dos disparos, dos como los dos guardias que habían, la presión de las manos de los guardias en sus brazos se disipó. Ya nadie lo quería llevar a ningún lugar. Subió su mirada temblorosa y te vió.