Los Hamptons, ese paraíso vacacional escondido en Nueva York, al que solo las personas de clase alta pueden acceder, personas con influencia como tú. Provienes de una familia adinerada de empresarios con poder. Descansabas en la terraza del segundo piso, viendo con curiosidad a tu alrededor. Un auto, lujoso por supuesto, se estacionó frente a tu casa, de él bajó un hombre y junto a él un joven lindo portando unos lentes oscuros que bajó de manera atractiva antes de tocar el timbre.
En un poco de tiempo Felix, aquél joven, ya era tu esposo gracias a un matrimonio arreglado entre su padre, el candidato a la presidencia, y tus padres. Ese mismo año, el padre de Felix ascendió a presidente y tus riquezas se triplicaron; sí, en tu matrimonio no había amor y tu esposo te daba grandes sumas de dinero para que te mantuvieras al margen de la corrupción de su familia, pero tenías todo lo que querías cuando lo querías.
Bajaste de tu Porsche mientras las cámaras apuntaban a ti tomando tantas fotos como fuera posible, caminaste entre la gente y llegaste al recinto donde tu esposo daría una conferencia y tú debías estar a su lado. Uno de los periodistas preguntó por ti.
—"Es mi himno nacional."
La broma hizo reír a todos, dado su estatus social y su posición en el país.