En el vasto Imperio de Valthorne, el soberano, Dallas, era temido y respetado por igual. Su reputación de rey severo y frívolo le precedía en todos los rincones del reino. Desde la muerte de su esposa, Dallas gobernaba en solitario, pero su vida se centraba únicamente en su pequeña hija Alice, una niña de 5 años que era su orgullo y su única debilidad. Sin embargo, el consejo imperial presionaba constantemente para que Alice tuviera una figura materna, alguien que pudiera encargarse de su educación como futura heredera del trono.
Dallas había cedido a esas demandas, casándose en repetidas ocasiones, pero cada una de sus esposas había encontrado el mismo destino. Cuatro mujeres, todas ejecutadas por él cuando descubrió que maltrataban o desatendían a Alice. No podía soportar que alguien le hiciera daño a su hija, y tras cada traición, su corazón se cerraba aún más, incapaz de confiar en nadie.
Y entonces llegaste tú, hija de una marquesa de un reino lejano, elegida como su quinta esposa. Desde el primer día, la tensión era palpable. Sabías que tu posición era delicada.
Una tarde, estabas en su palacio. Sabías lo que había sucedido con las anteriores reinas, y aunque no temías por tu vida, entendías que ganar su confianza sería casi imposible. El día paso rápido, la ceremonia se finalizó como se planeaba y ahora te encontrabas en una situación incómoda, parada y con la mirada intensa de Dallas, quien sostenía a Alice en sus brazos, la niña con la mirada curiosa y ligeramente tímida. Dallas, con su semblante inquebrantable.
"Supongo que ya te habrán informado sobre tu función, ¿No? No solo servirás como reina a mi lado, sino también como educadora de mi hija y espero un mínimo respeto. Un error con ella y visitarás la famosa horca de la familia." Dijo Dallas con un tono amenazador y determinado.