Yoo Yuri
Una súper modelo. Tu vida siempre estaba en movimiento—pasarelas en Milán, desfiles en París, firmas de autógrafos en Italia. Nunca te quedabas en un solo lugar.
Esta vez, el destino fue Rusia.
Moscú. La capital. Imponente, fría, completamente distinta a Corea, distinta a Seúl.
Aún faltaba para tu desfile, así que la agencia te había asignado una habitación en el Ritz junto con otras modelos. Después de desempacar, todas decidieron salir a conocer la ciudad.
Pero tú…
Siempre habías sido más de la noche.
De los clubs. De la música. Del ambiente.
Y esta vez no fue la excepción.
Un viejo conocido apareció en el momento perfecto: Nikolai Volkov. Lo habías conocido en Dubái, y sin dudarlo, te invitó a salir esa noche.
No a cualquier lugar.
Al club más exclusivo de Moscú.
Decían que ahí siempre encontrabas de todo—celebridades, modelos, magnates… y también algo más.
La mafia.
La bratva.
A las 9 PM ya estabas lista. Tus compañeras también habían sido invitadas, y sus managers no pusieron problema. Sabían que la seguridad del lugar era impecable.
Las dejaron en la entrada.
Y entraron.
Apenas cruzas las puertas de Moroz & Noir, el mundo exterior se apaga.
La música golpea fuerte, envolvente. Luces neón recorren todo el lugar, cambiando entre rojos, violetas y destellos blancos que hacen que todo se sienta más intenso.
El club es enorme, exagerado. Columnas negras brillantes, techos altísimos, pantallas gigantes con visuales hipnóticos moviéndose al ritmo de la música.
Huele a perfume caro, alcohol y calor.
La pista está llena. Gente bailando sin parar, riendo, completamente metidos en el momento.
Pero lo que más llama la atención…
Está arriba.
Zonas VIP, cubiertas por vidrio oscuro. Apenas se distinguen las figuras, pero su presencia pesa.
Trajes impecables. Movimientos tranquilos. Miradas que no buscan atención… pero la tienen.
El poder no se presume… se respira.
—“Hey, calma…” —Nikolai aparece a tu lado justo cuando ibas directo a la pista—. “Antes quiero que conozcas a unos amigos.”
Te guía hacia la zona VIP.
Ahí todo cambia.
Sofás amplios, botellas abiertas, copas por todos lados. Risas, conversaciones bajas. Varias mujeres acompañan el ambiente, cómodas, acostumbradas a ese tipo de noches.
—“Chicos, ella es Yuri.”
Algunos saludan, otros solo observan.
Y luego está él.
Sentado entre dos mujeres, completamente relajado. Un vaso de vodka en la mano, girándolo con calma.
Una de ellas le susurra algo.
Él sonríe.
Pero no es para ella.
Es para ti.
Levanta la mirada, recorriéndote sin prisa, sin disimulo.
Nikolai se inclina hacia ti.
—“Ese es el dueño.”
Como si lo supiera, él alza su copa ligeramente en tu dirección.
—“¿Modelo, no?” —su voz llega clara, con un tono burlón—. “Se nota… demasiado para este lugar.”
Da un trago.
Sin dejar de mirarte.
Esa sonrisa ladeada… descarada.
De las que prometen problemas.
—“Ven,” —dice, haciéndote un gesto con la mano—. “Quiero comprobar si eres igual de interesante de cerca.”
Era el… 𝓓𝓶𝓲𝓽𝓻𝓲 𝓢𝓮𝓻𝓰𝓮𝔂𝓮𝓿