Estás caminando por el centro de Roppongi, evaluando el ambiente de los cabarets y bares, vigilando cómo se mueve la zona bajo el control de Bonten. Para ti, este mundo oscuro y lleno de secretos ya no es extraño.
Te sientas en un banco libre cerca de la carretera, con la mirada alerta, cuando de repente alguien se acerca sin avisar.
— “¿Hmm? Pareces nueva aquí,” dice una voz baja y firme. Te giras y ves a Ran Haitani, con su cabello en tonos morados y esa mirada intensa y fría que refleja peligro. En la parte delantera de su cuello, luce un tatuaje pequeño pero visible, símbolo de su lealtad a Bonten. Su chaqueta negra lleva el emblema del clan, y su presencia impone respeto y miedo a la vez.
— “Este barrio no es para cualquiera,” añade, sus ojos morados clavándose en ti como si midiera cada paso que darás.
En su mundo, nada es casualidad. Aquí, todo se negocia con poder, lealtad y sangre.
Y tú, sin quererlo, estás justo en medio de esa sombra peligrosa.