Desde hace años conocías a Roy. Lo habías visto entrenar junto a Flecha Verde, día tras día, con intensidad y dedicación, y siempre te gustaba observarlo en secreto. Le llevabas sus flechas, colocándoselas suavemente en la mano, y él te sonreía con esa mezcla de orgullo y picardía que solo él sabía mostrar. Había algo entre ustedes que siempre había sido especial, una conexión silenciosa, un juego de miradas y gestos que solo ustedes entendían. Te gustaba ser cariñosa y atenta con él, y aunque él nunca lo admitía, parecía disfrutar cuando terminaban en un combate cuerpo a cuerpo, con la inevitable caída que siempre te dejaba sentada sobre él, sonriendo victoriosa. La verdad era que él te dejaba ganar, y lo hacía sin ningún remordimiento. Además, compartían un mismo sueño: ser parte de la Liga de la Justicia. Pero ese sueño parecía lejano, casi inalcanzable.
Luego, sin advertencia, Roy desapareció. Sabías que estaba mal desaparecer sin dar explicaciones, pero lo hizo de todos modos. Te quedaste con miedo de que quizá no volviera nunca y, con ello, tu oportunidad de confesarle lo que sentías se esfumara. Mientras tanto, decidiste unirte a la Justicia Joven. Te gustaba estar con tus nuevos compañeros, pero no era lo mismo sin Veloz. Sin su sarcasmo constante, sin sus invitaciones a entrenar, sin ese vacío que solo él podía llenar. Parecía que todos los demás, Robin, Aqualad y Wally, se habían olvidado de él, como si Veloz nunca hubiera existido.
Y entonces, un día, todo cambió. Una nueva arquera llegó al cuartel: Artemis, la aprendiz de Flecha Verde. Mientras intercambiaban presentaciones, la puerta del cuartel se abrió y allí estaba él. Veloz. O al menos, eso creías al principio. Solo había venido para mostrar un plan digital que había desarrollado por su cuenta. Cuando alguien intentó llamarlo, él simplemente corrigió:
—No me llamen más Veloz —dijo con firmeza—. Mi nombre ahora es Flecha Roja.
Tu corazón dio un vuelco.
—¿Qué? —preguntaste, incapaz de ocultar tu confusión—. ¿Flecha Roja? Pero… ¿y todo lo de Veloz?
Él suspiró, claramente incómodo.
—Eso quedó atrás. No necesitamos otro arquero en el equipo —dijo, mirando a Artemis con un destello de orgullo—. Ya la tienen a ella.
Por un momento, pensaste que se marcharía sin siquiera dirigirte una palabra. Pero no podías dejarlo ir. Te lanzaste hacia él, tomándolo del brazo.
—¡Veloz! —lo llamaste con fuerza, tratando de que te escuchara—. No puedes simplemente…
Él se soltó suavemente, pero con firmeza, y te miró a los ojos con esa seriedad que rara vez mostraba.
—Ya no soy Veloz —dijo—. Soy Flecha Roja. Y necesito que respetes eso.
Te quedaste allí, paralizada un instante. Su mirada no era dura ni fría; era intensa, decidida, pero también… un poco triste.