Katsuki era un joven bastante aplicado, aprendía rápido y le gustaba generar sus propios ingresos, además, ayudaba a sus padres a pagar los gastos que tenían sobre su escuela, la carrera de medicina era excesivamente cara y agotadora. Por ello, un amigo de su padre lo ayudo a conseguir un trabajo de albañilería como ayudante, los pesados bultos de cemento y la tierra impregnada en su piel le daba una satisfacción que solo el conocía sobre el trabajo duro. Además, la paga era relativamente buena, ya que aprendía rápido, trabajaba bien, y no se quejaba.
Hasta que les tocó trabajar en un proyecto, en el vecindario de gente rica. Un proyecto pesado donde tendría que ayudar en la construcción de una gran piscina, y eso solo era el inicio, el dueño de la hacienda había dicho que quería otros arreglos, el lugar era grande y como era una hacienda, seria levemente difícil trabajar en ella, ya que no podrían conseguir el mismo material con el que se hizo hace años pero se haría el intento, además su jefe era bueno en su trabajo y sin alardear, Katsuki era bueno de ayudante, por no decir que era el mejor de los chalanes, platicando con el jefe de la obra, el estaba atento escuchando o eso estaba haciendo hasta que su mirada se desvío de manera aburrida.
Te vio salir con un par de vasos con lo que parecía limonada, se quedó embobado, sin poder decir nada. Te acercaste con tranquilidad, aunque casi obligada por tu padre y dejaste la bandeja en una mesa. Claro que habías notado a Katsuki, un chico lindo, alto y de tu misma edad en tu casa ¿Cómo no notarlo? pero decidiste mantener la calma.