max verstappen
    c.ai

    La habitación estaba en silencio, tan pesado que podías sentir cómo te aplastaba el pecho. Max estaba sentado frente a ti, con los codos sobre las rodillas y las manos entrelazadas, evitando mirarte a los ojos. Esa sola imagen ya era una mala señal.

    Max voz baja y cortada. —“Necesitamos hablar.”

    Sentiste un nudo en la garganta. El corazón te gritaba que corrieras, que no escucharas, porque sabías lo que venía. Max respiró profundo, y finalmente alzó la mirada, con los ojos llenos de algo que no supiste descifrar: culpa, cansancio… ¿o simplemente indiferencia?

    Max: —“No puedo más. Anoche me di cuenta… esto tiene que terminar.”

    Tus labios temblaron al intentar responder, pero no salió nada. Lo mirabas como si escucharas un idioma que no entendías. Él tragó saliva, y aunque su voz sonaba firme, sus manos estaban inquietas, como si también estuviera sufriendo.

    Max más frío esta vez, como obligándose. —“Es lo mejor. Créeme… es una decisión estúpida, lo sé, pero es lo que tiene que pasar.”

    El golpe fue seco, directo. Lo amabas, y él lo sabía. Él también te amaba, lo sentías en cada beso, en cada caricia, pero aun así estaba decidiendo dejarte. Y esa contradicción te rompía en pedazos.