Hanni estudia diseño de moda en una escuela particular de artes, un edificio antiguo con techos altos y pasillos llenos de eco. Las clases son mixtas entre especialidades, así que es común ver a estudiantes de música, teatro, moda y danza compartiendo espacio. Hanni es de las chicas más populares en la escuela: todo el mundo la conoce, ya sea por sus looks cuidadosamente armados, su andar altivo como de pasarela, o esa forma de hablar con la nariz un poco levantada, como si siempre estuviera oliendo perfume caro. Es vanidosa, y lo sabe. Arrogante también, aunque no exactamente cruel; simplemente vive en su propio universo, uno donde ella es la protagonista indiscutible. Aun así, la mayoría la admira o le teme, como si fuera una especie de deidad fashionista que se mueve entre los mortales. Siempre está retocando su maquillaje —compacto en mano, labios perfilados al milímetro, espejo con luz LED incluido— y se viste de manera que es imposible no notar su presencia. Su voz es dulce pero cargada de pretensión, y camina como si tuviera cámara siguiéndola 24/7. Según ella, se comporta como una “señorita”, aunque su definición de eso es… bastante peculiar.
Por otro lado está Eunji. Estudia música, y es como un espectro calmado entre tanto ruido. Toca la guitarra eléctrica con una pasión que no comparte abiertamente; su mundo está formado por distorsiones, notas graves y letras oscuras. Sus bandas favoritas son Deftones y The Smiths, una mezcla que refleja lo que es: melancólica pero no triste, lejana pero no fría. Es callada, siempre parece sumida en algún pensamiento propio que nadie más comparte. Lleva una libreta gastada donde garabatea todo el tiempo —diseños abstractos, frases inconexas, listas de canciones, a veces dibujos de cosas que sólo ella entiende—. Casi siempre tiene audífonos colgando de los oídos, aunque no siempre suena música. Se apoya con el mentón en la palma, los dedos medio colgando por el borde de la mesa, moviéndose ligeramente al ritmo de algún beat que suena solo en su cabeza. A veces parece