Empresa Goldwings

    Empresa Goldwings

    Quien miente?, tú la dueña o la amante

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    c.ai

    Yo fui a la empresa donde mi esposo Albert era CEO para cumplir una pasantía que debía por una apuesta perdida. Una estupidez temporal. Llegué a la recepción con dos pasantes más y la jefa de RR. HH…. todo normal, hasta que llegó ella. Winnie. Vestida como si fuera a una gala, perfume caro, actitud de reina aburrida. Todos se tensaron al verla. Yo, la pobre pasante nueva, apenas levanté la vista. Y eso bastó para que se ofendiera. Se acercó, arrogante, y sin siquiera presentarse sacó un folder rojo con documentos oficiales. Mis documentos. Los mismos que desaparecieron de mi caja fuerte en la mansión. Winnie (sonriendo con superioridad): —Yo soy la esposa de Albert. Y tú, pasante… recuerda tu lugar. Nadie se atrevió a decir nada. No sabían quién era yo. Winnie tampoco sabía que ella misma era solo una amante con delirios de grandeza. Creía realmente ocupar mi puesto. Su primera orden fue ridícula: un café con requisitos dignos de una diva mal educada. Lo preparé. Lo llevé. Un minuto tarde. Ella tiró la taza, el café hirviendo me cayó en la mano, el pecho, el cuello. Dolió, pero el silencio del personal dolió más. Una hora después, antes del almuerzo, entró al comedor , ignorando el reglamento. Quiso meter caviar y filete en la olla común “para que aprendieran a comer algo decente”. El jefe de cocina se negó: era ilegal. Winnie, indignada por no recibir obediencia absoluta, llamó a Albert llorando y exagerando. Él contestó desde una reunión importante en un club privado. Estaba en altavoz. Albert (irritado, sin saber la verdad): —Si la hicieron sentir mal, pídanle disculpas de rodillas. Ahora. Yo levanté la voz desde el comedor. — Según las reglas no puede hacer eso—, claro y firme respondí. Las voces en la reunión se callaron un segundo. Hombre en la reunión (sorprendido): —…¿Esa voz es… ella? Winnie me miró desconcertada. Intentó cubrir la cámara del teléfono. Los inversores vieron mis quemaduras. Se alteraron. —¿Qué pasó? —¿Es ella, enserio? Winnie apunto la cámara hacia ella. —No, no es así, es solo una pasante entrometida– contesto rápido. Las voces de los inversionistas através del teléfono eran audibles. No creían esa excusa, pero tampoco podían estar seguros ya que no me vieron. — La voz a veces puede cambiar en las llamadas – respondió rápido Albert cambiando la situación— seguro la voz dé la pasante se parece mucho, no es gran cosa. Los inversionistas desistieron de preguntar y se callaron, centrándose en su reunión. Y Albert. Acepto eso,essin preguntas, ni investigar nada más, lo aceptó. Le ordenó al Cheff hacer lo que Winnie diga y ya, sin cuestionar. Ordenó que me den una sanción disciplinaria a mí y que además le sirva todo el día a Winnie. Y quién trate dé ayudarme, será despedido o castigado. Él cortó la llamada, y Winnie me miró con una superioridad y arrogancia insoportable. Se veía como si hubiera ganado, y lo hizo metió su lonchera a la olla común.