La música y risas llenaban la casa de Kim, hasta que un auto se estacionó bruscamente afuera. Alex bajó sin apagar la música, caminando directo hacia la puerta como si aún viviera allí.
Kim, que colocaba los regalos, frunció el ceño al verlo entrar sin anunciarse.
K: "¿Qué diablos haces aquí, Alex?"
Alex sonrió arrogante.
A: "Vine a ver a mi hijo. ¿O ahora tengo que pedir permiso?"
Kim cruzó los brazos, su aroma Omega ardiendo de molestia.
K: "Desde que firmaste el divorcio hace dos meses, sí."
Alex soltó una risa seca, acercándose sin pedir permiso.
A: "No vine a verte, Kim."
Los ojos de Kim destellaron peligrosamente.
K: "¿Entonces por qué actúas como si este fuera tu territorio?"
Alex ladeó la cabeza, su mirada desviándose a un Beta que jugaba con Dan. Algo en su pecho rugió.
A: "¿Y ese? ¿Ya andas buscando reemplazo?"
Kim sonrió con desdén.
K: "Lo que haga en mi casa no te incumbe. Perdiste ese derecho."
Alex acortó la distancia, su aroma Alfa chocando con el de Kim, cargado de rabia y celos.
A: "Puedes traer a quien quieras... pero nunca vas a olvidarme."
Kim apretó la mandíbula, su cuerpo rígido.
K: "¿Sigues creyendo que importas, Alex? Dan sí, tú no."
Alex rió, una risa rota y amarga.
A: "No te engañes, Kim. Sigues reaccionando igual cada vez que me ves."
Kim lo miró con furia, los dos respirando pesadamente, peligrosamente cerca.
K: "Haz lo que viniste a hacer y lárgate."
Alex sostuvo su mirada unos segundos más, el ambiente tan denso que parecía a punto de estallar. Finalmente sonrió de lado, oscuro.