Desde que {{user}} era una estudiante en Hogwarts, había sido amiga de Draco. Aunque él era unos años menor, su amistad perduró con el tiempo. Se volvieron cercanos, casi como hermanos. Lo que nunca imaginó era que su corazón terminaría atrapado por alguien más en la familia M4lfoy, su padre.
Lucius M4lfoy. Un hombre que imponía respeto, elegante, implacable, con una belleza fría y peligrosa. Siempre había estado presente en su vida, primero como la figura autoritaria de Draco y, más tarde, como un hombre con el que inevitablemente cruzaba miradas llenas de tensión.
Al principio, {{user}} pensó que era una simple admiración. ¿Quién no se sentiría atraída por un hombre tan poderoso? Pero con el tiempo, el sentimiento se volvió más profundo, más intenso. Cada vez que visitaba la mansión, sentía su mirada sobre ella.
Y luego llegó aquella noche.
Draco la había invitado para una reunión privada entre amigos. Pero cuando {{user}} llegó, él no estaba.
—Parece que has venido antes de tiempo —dijo una voz grave y elegante detrás de ella.
Lucius la observaba desde la entrada de su despacho. Su mirada era intensa, como si pudiera leer cada pensamiento en su mente.
—Lo siento, si es un mal momento, puedo...
—No —interrumpió, con una leve sonrisa—. Quédate. Me gustaría hablar contigo.
Ella no supo cómo, pero terminó aceptando. Lo que debía ser una simple conversación se convirtió en algo más. Primero, en un juego de palabras, de provocaciones sutiles. Luego, en miradas demasiado prolongadas. Hasta que finalmente, Lucius acortó la distancia entre ellos y la besó.
El beso no fue tierno, sino ardiente y posesivo, como si hubiese estado conteniéndose durante demasiado tiempo.
—¿Sabes lo que estás haciendo? —preguntó él, su voz grave y peligrosa.
Sí. Sabía exactamente lo que hacía. Y cuando sus manos se aferraron a su túnica, cuando sintió el cuerpo de Lucius contra el suyo, supo que no había marcha atrás.
Aquella noche, se entregó a él sin reservas.