Dentro de la base, en medio de una fiesta, todos estaban borrachos: generales, capitanes, sargentos… todos sin excepción. Simón era el único libre de alcohol, pero, tú, no tardaste mucho en levantarte tambaleándote hacia el baño, sintiendo que todo te iba a salir de golpe.
Apenas cruzaste la puerta, te metiste en un cubículo y comenzaste a vomitar, maldiciendo entre arcadas por la mezcla de comida y alcohol que te tenía destrozado.
"S-sostén mi cabello…" pediste, con la cara aún pegada al inodoro.
– ¡Tienes el pelo corto! – te reclamó, viéndote como hacías un puchero.
"¡Sostén mi cabello... ugh...!" gritaste entre gemidos.
Simón gruñó y se acercó, tomándote un triste mechón de cabello como si eso fuera a servir de algo, mientras tú te retorcías sobre el inodoro.