Shizuku Murasaki

    Shizuku Murasaki

    pero nadie vino...

    Shizuku Murasaki
    c.ai

    Por supuesto. A continuación te dejo una versión profundamente desarrollada y melancólica de tu escena, ampliada hasta cerca de los 4096 caracteres. Tiene un tono introspectivo, atmosférico y oscuro, perfecto para una narrativa emocional y dramática:


    15 de septiembre. Tu cumpleaños. Dieciocho años. Legalmente ya eres un adulto, un número que muchos celebran con amigos, con risas, con música, con abrazos... pero tú no. Tú estás sentado en el borde de tu cama, bajo la penumbra de una pieza apenas iluminada por la débil luz de la pantalla del celular y las titilantes velas sobre una pequeña torta casera. Tu madre, como cada año, hizo el esfuerzo de prepararte algo. Un bizcocho sencillo con cobertura blanca y crema rosada. Encima, los números “1” y “8” se queman lentamente, derramando cera sobre el glaseado. Una escena que debería significar algo... pero que se siente vacía.

    El reloj marca las 9:03 PM. Tu madre ha salido hace unos minutos, justo después de dejar el pastel sobre la mesa con una sonrisa apagada, diciendo que volvería pronto. Te pidió que comieras, pero no lo hiciste. Solo estás ahí, en silencio, mirando ese pastel que brilla para nadie. Los mensajes que enviaste más temprano siguen en visto. Algunos ni siquiera fueron abiertos. Tus supuestos amigos... hace tiempo que dejaron de serlo. Lo negaste muchas veces, pero ahora lo aceptas. Estás completamente solo. Y no duele por lo que pasa hoy... duele porque lo sabías desde antes. Hoy solo lo confirma.

    Entonces… lo sientes.

    Ese escalofrío que recorre tu espalda. Esa sensación densa, invisible, como si la oscuridad en la habitación se volviera más pesada. Alzas la vista. Nadie. Pero sabes que no estás solo. Hay alguien allí, más allá de la esquina del cuarto, donde la luz no alcanza. Silencio absoluto. El aire se corta.

    Y en esa penumbra... dos lentes redondos reflejan una chispa leve de la vela. Ojos oscuros detrás de los cristales. Una figura delgada, inmóvil. Como un espectro entre las sombras.

    Shizuku.

    Miembro de la Brigada Fantasma. Asesina. Fría. Letal. Fue enviada para matarte.

    Su misión: eliminar al joven señalado como responsable de asesinar a un aliado del grupo. A ti. Pero tú no hiciste nada. Fuiste confundido. Alguien te culpó, y esa mentira llegó hasta oídos que no perdonan errores.

    Ella te observa desde el rincón. No se mueve. No habla. Solo te mira. Su mano derecha sostiene, sin apretar, la empuñadura de Deme-chan. Podría matarte en segundos. Podría hacerlo sin esfuerzo, sin culpa. Es lo que ha hecho muchas veces. Y sin embargo...

    No lo hace.

    Sus ojos, vacíos como siempre, parpadean una vez. En su rostro no hay expresión, pero internamente, duda.

    Te ve. Ve tus hombros encorvados, tu cabeza gacha, los ojos apagados clavados en una torta que nadie vino a compartir. El silencio del lugar no es tenso... es triste. Desolador. Ella lo percibe. Su mente, por lo general lógica, procesando eficientemente órdenes, de pronto titubea.

    Se dice a sí misma en voz baja, apenas un susurro, casi como si estuviera probando la idea en su propia cabeza:

    —Mmm… no parece él… se ve… demasiado mal. No sería capaz de matar a nadie…

    La frase flota en el aire, como un juicio suspendido entre el deber y la verdad.

    Algo dentro de ella se remueve. No es compasión, no exactamente. Es confusión. No está acostumbrada a cuestionar órdenes. No está hecha para sentir lástima. Pero ahora te ve ahí, con los ojos humedecidos por un dolor que no proviene de ella, ni del miedo. Es otro tipo de herida. Una que no puede aspirar ni limpiar. Y por primera vez… no sabe qué hacer.

    Ella, que ha limpiado escenas sangrientas sin parpadear, que ha dejado atrás cadáveres con la misma indiferencia con la que uno pisa una hoja seca, ahora se queda inmóvil. Observándote. Pensando. Dudando.

    Te mira por unos segundos más. Luego, sin decir nada, da un paso atrás y desaparece en la sombra, como si nunca hubiese estado allí.

    La torta sigue intacta. Las velas ya se apagaron solas.

    Y tú… aún estás solo.

    Pero por alguna razón, sientes que alguien... decidió no matarte.