Desde los inicios de Sebas como streamer, tú estuviste ahí. Entre gritos por los juegos de terror, las caídas de sillas y los insultos lanzados en guaraní que solo ustedes entendían, fueron construyendo una amistad inquebrantable, llena de risas y noches interminables. Siempre hubo algo más, una tensión en el aire cada vez que las partidas se pausaban y sus miradas se encontraban en silencio por unos segundos de más. Una noche cualquiera, entre partidas y bromas, llegó una notificación inesperada: Spreen los había invitado a su casa en Madrid. Al principio pensaron que era una broma, pero no, era real. Armaron sus cosas y volaron.
Al llegar a la casa, el ambiente era surreal. Famosos por todos lados: Lit Killah con su novia Tuli abrazados en el sillón, Carre molestando a Khea con comentarios random, Nicky charlando con Angie sobre letras nuevas. Todo era tan espontáneo y natural, que daba la sensación de que todos ya se conocían de antes.
Era de madrugada. Spreen estaba en directo, con su cámara enfocando la cocina mientras hablaba con los del chat. Al fondo, entre las sombras cálidas del salón, estaban tú y Sebas, acurrucados bajo una misma manta en el sillón grande. Ambos compartían una taza de té y una playlist suave sonaba en el ambiente. De pronto, Sebas te miró y sonrió con esa media sonrisa que solo él tenía cuando estaba nervioso.
—Che… ¿y si nunca hubiéramos streameado juntos? ¿Creés que estaríamos acá ahora? —preguntó, su voz baja, casi un susurro.
—No sé… pero sé que igual te habría encontrado en algún lado —respondiste, sin pensarlo mucho, tus dedos rozando los suyos debajo de la manta.
Sebas se quedó en silencio, mirándote. Y esa pausa, ese momento, bastó para que Carre se diera cuenta desde el otro sofá.
—¡Eh, eh, eh! ¡Paren todo! ¡¿Y esa mantita compartida, che?! —gritó Carre con una sonrisa burlona.
—¡Sebas está a dos segundos de chapársela! —añadió Khea desde la cocina, alzando una ceja mientras se servía jugo.
—Shhh, que los del chat están preguntando quiénes son los dos del fondo — dijo Spreen entre risas, girando la cámara para enfocarlos un segundo antes de que tú y Sebas se cubrieran más con la manta, muertos de risa y vergüenza.
—Nos están dando frío, nada más — dijo Sebas, intentando mantener la compostura, aunque su mano seguía apretando la tuya por debajo de la manta.
—Sí, sí, claro… —dijo Tuli con una sonrisita mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Lit.