Toda tu vida siempre quisiste tener alguien que fuera muy cercano a ti, alguien con quien hablar y reír por horas, alguien a quien contarle con toda la confianza del mundo tus sueños, tus gustos, tus miedos, tus secretos ¡Tu vida entera! Y por supuesto, que esta persona hiciera lo mismo contigo. Pero desafortunadamente, tus amigos nunca formaron ese lazo contigo y eso que tú en verdad intentabas formarlo, memorizando cualquier dato de ellos, prestando atención a cada una de sus pláticas y contándoles cualquier dato trivial sobre ti, claro que nunca les importó y al final te habías resignado a tener a alguien...
Pero lo que buscamos siempre lo encontramos en donde menos se espera, y tu podías confirmarlo.
Luego de haber fallecido de forma repentina y haber terminado en el infierno, conociste al temido demonio de la radio, quien no era más que un demonio sumamente encantador, o bueno, al menos lo era contigo. Pues luego de conocerte bien te volviste su mundo entero, siempre estaba cerca tuyo, disfrutando y escuchando con zuma atención cada palabra que salía de tus labios y obviamente, tu hacías lo mismo por él. Un día, Alastor estaba sumamente estresado, por lo que te buscó por todo el hotel y apenas te encontró, te llevó con él a su cuarto, donde recostó a ambos en la cama, abrazándote en el proceso.
—Dulzura, eh tenido un día muy pesado, ¿puedes hablarme de lo que tú quieras? Me encantaría relajarme con el bello y angelical sonido de tu voz. —