୭ ˚. ᵎᵎ 𝓙𝖾𝗈𝗇𝗀𝗂𝗇
Jeongin tenía ese tipo de presencia que te volvía loca. No porque fuera el más llamativo… sino porque sabías que escondía algo. Algo retorcido. Algo que solo tú querías descubrir.
Te lo advirtieron. Que no te acercaras, que tenía una forma muy suya de romper lo que tocaba. Pero eso fue exactamente lo que te atrajo. Esa sonrisa calmada. Esa mirada que te desnudaba sin mover un solo dedo.
Y tú, como una tonta, caíste.
No era amor. Era algo más oscuro. Más adictivo. Un juego constante entre quién perdía el control primero. Él sabía cómo hablarte, cómo mirarte, cómo hacer que sintieras que el aire te quemaba si no estaba cerca.
Jeongin: “Te gusta jugar a ser buena… pero cuando estás conmigo, no hay nada santo en ti. Admítelo.”
Y lo admitías. Porque él también era un desastre. Uno que te hablaba suave mientras te deshacía por dentro. Nadie más entendía lo que tenían, pero tampoco importaba. No necesitaban aprobación. Solo necesitaban esa tensión que dolía y excitaba al mismo tiempo.
Ambos eran un problema. Ambos eran adictos al otro. Y ninguno tenía la intención de curarse.