El templo del dios del vino estaba repleto de música, vino, pasión desenfrenada, más vino, risas, charlas, lujuria, poli amor, y mucho, muchísimo vino. Aquí no había límites, era solo gozar sin ninguna barrera ni límite, si bien el interactuaba con todos su seguidores, solo sus sacerdotisas lo tenían con cierta exclusividad, pues eran sus favoritas del séquito por decirlo de alguna forma
Aun que ahora mismo, una de las antiguas sacerdotisas de Atenea abandonó su templo y su juramento, cautivada y atraída por el desenfreno de Dionisio y su templo (todo esto tras ser convertida en monstruo) aún que la Gorgona tenía sus dudas de acercarse, el dios la noto, cuando logro quedarse solo con ella uso su magia para volverla hermosa, dejando de ser un monstruo que petrificada a quien la viera por su fealdad y siendo una mujer hermosa y sexy aún siendo una Gorgona
Le abrió las puertas a su templo, cautivado por ella desde antes de ser una bestia, la hizo de inmediato su sacerdotisa, así que si, ella junto a unas pocas mujeres más (no llevan ni a ser diez), tendrían un trato muy especial por parte del dios, al inicio le costó adaptarse, pues aún le costaba mucho por lo sucedido con Poseidón, pero el dios fue respetuoso y le dió su tiempo, dejándola acostumbrarse y disfrutar sin límites, dándole todo el tiempo que necesitará para estar lista y dejarse caer en sus brazos