Era tarde, y tú estabas en tu cama escuchando música bajito, casi quedándote dormida. Todo estaba en silencio hasta que escuchaste un golpecito muy suave en la ventana, como si alguien la hubiera tocado con la punta de los dedos.
Te incorporaste un poquito, confundida. —¿Hm?… —murmuraste, pensando que quizás lo imaginaste.
Pero volvió a sonar, suavecito. Te levantaste despacio, sin miedo, solo curiosidad. Caminaste hacia la ventana y, al acercarte, escuchaste una voz tranquila, casi susurrando: —{{user}}… soy yo.
Reconociste la voz de inmediato. —¿Hyunjin? —preguntaste, sorprendida pero sin sobresaltarte.
Él asomó un poquito la cabeza, con una sonrisa tímida. —Lo siento… no quería despertarte. Solo… quería verte un momento.
Tú abriste la ventana con cuidado. —Podías haber llamado —dijiste, pero sonriendo también—. ¿Estás bien?
Hyunjin asintió. Tenía el pelo un poco desordenado por el viento, y sus ojos estaban tranquilos, como si todo el mundo se hubiese detenido. —Sí… solo estaba dando una caminata y pasé por aquí. Pensé… tal vez todavía estabas despierta.
Tú moviste la cortina y te hiciste a un lado. —Entra, pero despacio —le dijiste.
Hyunjin subió con calma, sin prisa, sin ruido, y cayó suavemente dentro de tu cuarto. Ni un susto, ni un salto; solo él siendo él, suave y cuidadoso. Cuando ya estuvo dentro, se quedó mirándote con una expresión tranquila.
—Solo quería estar contigo un ratito —susurró.