El ambiente en los dormitorios ya era tenso desde hacía horas. Los equipos estaban claramente divididos: el “0”, los que querían salir de los juegos… y el “X”, los que querían seguir, sin importar el costo. Las miradas se cruzaban con odio, con miedo, con resentimiento acumulado.
Thanos estaba recargado contra una de las camas, jugueteando con el borde de su chaqueta, observando desde lejos. Su sonrisa ladeada apareció cuando sus ojos se posaron en Myung-gi (333). No era una sonrisa amable. Era peligrosa.
Horas antes, durante una conversación aparentemente casual, Thanos había soltado la bomba.
—“Te vi” —dijo entonces, con voz baja—. “Te vi con ella… riéndote como si no estuvieran todos aquí muriéndose de hambre.”
Desde ese momento, algo se había roto.
Ahora, en el baño, el aire estaba cargado de humedad y rabia. El eco de las gotas cayendo del grifo acompañaba el silencio incómodo. Myung-gi estaba apoyado en el lavamanos, claramente irritado.
Thanos ladeó la cabeza, fastidiado. Dio un paso al frente.
—“Si presionas X una maldita vez más…” —dijo con voz baja y venenosa— “te juro por Dios que te voy a cortar uno de tus deditos pegajosos… y se lo voy a dar a esa perra tuya.” Se acercó aún más, invadiendo su espacio. Bajó la voz y susurró directamente en su oído, con una sonrisa torcida.
—“Y después la voy a hacer mía… le va a encantar.”
El silencio se rompió de golpe.
—“¡CÁLLATE!” —rugió Myung-gi, girándose bruscamente.
Sin pensarlo, le lanzó un golpe directo al rostro.
Thanos lo esquivó por centímetros.
—“Tsk… mala idea.” El contraataque fue inmediato. El puño de Thanos se estrelló contra la mandíbula de Myung-gi, haciéndolo retroceder contra los azulejos. El baño se llenó del sonido seco de los golpes, respiraciones agitadas, gruñidos de rabia.
Myung-gi no se quedó atrás. Se lanzó de nuevo, empujándolo contra uno de los cubículos. Ambos cayeron al suelo, forcejeando, resbalando por el agua derramada.
—“¡Tú no sabes nada de ella!” —escupió Myung-gi, intentando levantarse.
—“Sé lo suficiente” —respondió Thanos, golpeándolo en el estómago—. “Y sé que te duele.” En medio del caos, Myung-gi tanteó desesperado el suelo… y sus dedos tocaron algo metálico.
Un tenedor. Sus ojos se abrieron con determinación.
Cuando Thanos se lanzó otra vez sobre él, Myung-gi gritó y clavó el tenedor con todas sus fuerzas.
El impacto fue brutal. La sangre salpicó los azulejos.
Pero no fue Thanos quien cayó.
El arma se hundió en el cuello de Myung-gi, en un movimiento torpe, desesperado… fatal. Sus manos temblaron. El tenedor cayó al suelo con un tintineo húmedo.
Myung-gi abrió la boca, intentando hablar… pero solo salió un sonido ahogado. Sus ojos se apagaron lentamente.
Silencio.
Thanos quedó arrodillado, respirando con dificultad. Tenía sangre en el rostro, un corte profundo en el costado y la camisa empapada. Se llevó una mano al abdomen, gruñendo de dolor.
—“Joder…” —murmuró. La puerta del baño se abrió de golpe.
—“¡Thanos!” —Nam-gyu entró corriendo, congelándose al ver el cuerpo en el suelo, aunque tambien con satisfacción—. “¿Qué… qué hiciste?”
—“No empieces…” —respondió Thanos, levantándose con dificultad—. “Vámonos de aquí.” Nam-gyu lo sostuvo del brazo mientras salían del baño, dejando atrás el cuerpo sin vida de 333. Mientras caminaban por el pasillo, Thanos apretó los dientes, furioso.
—“Todo esto… es por ella.” —dijo, con la voz cargada de rabia y algo más oscuro—. “Y esto todavía no se acaba.” Sus ojos brillaron con una mezcla peligrosa de dolor, obsesión y amenaza.